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Análisis Gastronómico

Arroz con mariscos

Me encanta el arroz, tengo noción de haber comido algo similar aunque no recuerdo donde, pero este es realmente bueno, digno de ser probado. Es fresco, liviano y muy sabroso.

Periodista Gastronómica

-Martes en la noche- estoy un poco atrasada, pero sé que tengo un buen panorama, ir a comer al restaurante Mochica. Los ajetreos de la tarde me dejaron algo exhausta, por lo que me arreglo un poco, me armo de valor y salgo camino a hacer una de las cosas que más me apasiona: degustar algo nuevo.

Llego al restaurante donde me encuentro con Luis Sánchez, dueño de Mochica. Él me invita a escoger donde cenaremos y como tengo fascinación por los ventanales me acomodo en la mesa más cercana al frontis. Comienzo a mirar y me doy cuenta que el lugar es prácticamente construido de pino Oregón, muy lindo. Asimismo me llama la atención que el sector – Copiapó con Matta- se vea tranquilo y como alcanzo a ver mi auto desde el ventanal, quedo más serena.

Al cabo de unos minutos llega un garzón con un par de copas y comenzamos con un pisco sour a la peruana. Cuando lo probé quedé maravillada: dulce  y con más textura que el nuestro. Su color verde agua fluorescente resplandecía la copa y el par de gotas características de amargo de angostura queda agraciado. Debo decir que para mí  el pisco sour a la peruana del Wally´s restaurante es uno de los mejores que he probado, pero este es muy similar. Buenísimo.

Mientras Luis me comenta sobre las bondades de la gastronomía criolla del Perú, sugiere que pruebe el “Arroz con Mariscos” ($5.900), lo que acepto con entusiasmo. Entretanto, la espera de la preparación se hace cortísima gracias al pisco sour y la charla.

Cuando llega el plato, quedo gratamente sorprendida por la combinación de colores y por el aroma que despertaba en mis papilas gustativas las ganas por degustar. Arroz, mucho arroz, pero combinado con una amplia gama de mariscos -camarones ecuatorianos, calamares, pulpo, ostiones y choritos-  de muy buena calidad. El cereal tenía características de paella, pero menos cremosa, sin conchas ni carne rojas y con toques más autóctonos.

Mientras pruebo, comienzo a sentir los sabores más escondidos de la preparación: un poco de jengibre, algo de laurel y la cúrcuma que le da todo el toque en visión y aroma. Una de las cosas que Luis rescata apasionadamente de la comida criolla peruana es el uso del ají amarillo, que en discordancia de la creencia popular, no es picante, pero le confiere un sabor característico de la zona. Me confiesa que acá es difícil encontrarlo y que sólo hay una persona que lo vende en la Vega Central de Antofagasta.

En cuanto al maridaje de este plato, estuvo perfecto porque lo acompañamos con un Terra Andina, reserva 2007, de cepa souvignon blanc, del valle de Casablanca. Este vino potencia todos los sabores chispeantes que tenía la preparación, como las gotas de limón y las de especies que sobresalían. Un vino fresco, cítrico, pero muy complaciente en boca. 

Me encanta el arroz, tengo noción de haber comido algo similar aunque no recuerdo donde, pero este es realmente bueno, digno de ser probado. Es fresco, liviano y muy sabroso.

Una de las cosas que amo de este trabajo, es que logro notar cuando las cosas van bien. A pesar de que Mochica es un restaurante que lleva pocos meses de funcionamiento, advierto que la calidad gastronómica es muy buena, que su dueño es un apasionado por la gastronomía y sus tendencias, rescatando la cultura lo que lo vio crecer.