Esta semana les tenemos preparada una sorpresa especial. Restonomía estuvo en la hermosa ciudad de Cochabamba en Bolivia y por supuesto que les mostramos un ejemplo de la rica y variada gastronomía de ese país, donde los precios más que accesibles al bolsillo chileno la hacen una alternativa más que recomendable.
Nuestra cita comenzó bastante temprano para conocer las famosas “salteñas” ($ 600 cada una), empanadas en versión dulce, normal y picante con un relleno de papa, arvejas, aceitunas, huevo, carne o pollo, todo junto en un caldo de pata que tiene un sabor realmente bueno. Recomendamos las salteñas de “Los Castores”, un punto de encuentro obligado para los cochabambinos a partir de las 9 de la mañana y hasta mediodía. Lo curioso es que sólo encontrará salteñas en este horario.
Ya con este aperitivo en la barriga nos encaminamos por las calles de la ciudad y los diferentes atractivos que tiene esta urbe que es una de las más importantes de Bolivia. El Prado, el Teleférico que lleva al Cristo de Cochabamba, están entre los paseos imperdibles.
Pasada la una de la tarde el hambre nuevamente se hace presente y nos dirigimos al lugar más tradicional de toda Cochabamba. Hablamos del restaurante Casa de Campo, que posee una tradición de más de 28 años con toda la culinaria de esta zona.
Este lugar abre todos los días tanto a la hora de almuerzo como para cenar y es punto fijo de turistas y citadinos que reconocen su calidad.
La experiencia
Carne lapping con guarnición variada, pique macho de lomo, lomo borracho son algunas de las alternativas exquisitas para probar. Elegimos esta vez una entrada de choclo con queso ($400). El queso de Cochabamba es un poco más salado que nuestro quesillo y bastante sabroso. El plato es simple, pero cumple su cometido de ser un muy buen aperitivo para almorzar.
El servicio se caracteriza por su cordialidad y rapidez. Y es que en Casa de Campo se reúnen personas de todas las edades que reconocen a este lugar como un imperdible en la ruta gastronómica de la ciudad, que en este caso se encuentra en el concurrido boulevard de Recoleta.
Como segundo plato elegimos dos alternativas: primero un Silpancho ($2.200), suerte de comunión de sabores que “trae de todo”. Este comensal pidió “medio” Silpancho, pero ya el plato era gigante. Sobre una cama de arroz y papas fritas, aparece una lonja circular de carne de vacuno procesada con pan y frita. La idea es que cubra todo el plato.
Como los bolivianos no se privan en sabores, se agrega sobre esta carne tomate y cebolla picada y uno o dos huevos fritos. Debemos decir que no hay quién quede con hambre.
El otro plato que degustamos fue un Pacumutu ($3.506), brocheta también de carne de vacuno que es acompañada de una guarnición novedosa y para paladares exigentes: el arroz con queso. Este acompañamiento se elabora con el queso típico cochabambino resultando una textura cercana al postre de arroz con leche, pero en este caso es el queso derretido lo que le da una consistencia bastante sabrosa.
Ambos platos los degustamos en compañía de un litro de cerveza Taquiña ($1.000), original de Cochabamba en un gusto delgado y bastante agradable.
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