Un viaje a la Región de los Lagos fue el momento perfecto para sacar el estrés del trabajo diario. A continuación la segunda parte de mi relato.
El día continuó con un par de cervezas en la pequeña playa del lago, junto a unas turistas alemanas con las que no tuve problemas de comunicación ya que hablaban muy bien el español. Ellas habían ido el día anterior a Chiloé, lugar que ya estaba anotado en mi agenda de “cosas por hacer”. Las alemanas me comentaron que comieron Pulmay (curanto en olla) en Ancud, pero en la casa de un residente de la isla que amablemente las invitó a almorzar. Sin duda cualquiera las invitaría porque eran unas chicas muy guapas.
Temprano en la mañana del día domingo decidí arrendar un auto y partir rumbo a la isla grande de Chiloé. Este trayecto me trajo muchos recuerdos, ya que hace varios años atrás hice el mismo viaje con mi papá, claro que llegamos hasta Quellón y de vuelta hasta Puerto Montt, todo en el mismo día y en el mismo bus.
Al cruzar el canal de Chacao se siente ese intenso frío de la mañana, que se puede sortear con una buena taza de café (siempre viajo con mi termo). Disfruté del paisaje, saqué fotos y conversé con algunos pasajeros del ferri, compartiendo anécdotas o preguntando algunos datos de lugares para visitar.
Al descender de la nave, Carabineros de Chile me dio la bienvenida y algunos consejos de conducción en la isla, lo cual era bastante inusual pero de todas maneras agradecí amablemente en su momento. Seguí mi camino rumbo a Ancud, confieso que un poco distraído con el paisaje que sin duda es maravilloso y mágico. Al llegar a la ciudad me encontré con la espléndida vista de la bahía de Ancudque se veía desolada.
Di unas vueltas por las calles, fotografiando casas, iglesias, paisajes y gente. Luego de estar 2 horas, emprendí retorno a Puerto Varas para ordenar mi mochila y regresar a Santiago.
Pero no me podía ir con el estomago vacío, ya habían pasados muchas horas sin comer. Pasé al local que me habían recomendado las alemanas que conocí durante el viaje, pero no pedí Pulmay sino que Cancato, que es un plato típico sureño que consiste en pescado (pedí salmón) con queso, tomate y jamón, estilo pizza napolitana, va envuelta en papel de aluminio y se le da cocción en horno de barro por unos minutos. Gran plato, obviamente lo acompañe con papas asadas y ensalada a la chilena. Lo sorprendente es el valor, todo eso por $2.600, con aperitivo de regalo. Un agrado ir al sur con el sueldo del trabajo en Antofagasta.
Siento que siempre hay que imitar las cosas buenas y la amabilidad del sur es una de ellas. Tener un buen trato con los turistas es esencial a la hora de hacer una publicidad efectiva dentro del país y en el exterior.
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