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RestoNews

Análisis de Bebestibles

Carreteando en un lugar chic como Médula

Bajamos un par de cuadras y desde una distancia de unos 50 metros yo pronosticaba un lleno total. No me equivoqué, pero tuvimos suerte que al entrar a Médula encontramos una mesa que nos esparaba en el primer ambiente del recinto. Aquel que se ve desde la calle.

El viernes pasado llamé a Rodrigo para invitarlo a salir a tomar algo. A regañadientes me dijo que bueno, pero me puso como regla que el lugar sería elegido por él. Como no tengo problemas de adaptación le respondí afirmativamente.

Llegó la hora pactada y mi compañero me dijo que quería conocer Médula, me contó que este bar que le quedaba tan cerca de su hogar se veía simpático y que por distintos motivos nunca había llegado a sentarse en alguna de sus sillas.

Bajamos un par de cuadras y desde una distancia de unos 50 metros yo pronosticaba un lleno total. No me equivoqué, pero tuvimos suerte que al entrar a Médula encontramos una mesa que nos esparaba en el primer ambiente del recinto. Aquel que se ve desde la calle.

En ese mismo instante, saludé a una pareja de ex compañeros de carrera, Chocho (sé que es un raro sobrenombre), su pololo y a un amigo de ellos, que compartían relajadamente en el lugar.

Con mi acompañante nocturno nos sentamos en el lugar y no pusimos contentos porque alcanzamos la oferta del happy hour, ya que el reloj aún no marcaba la medianoche.

Como buenos piscoleros y aludiendo a la celebración del Día Nacional del Písco, que justamente se conmemoraba en dicho momento, pedimos piscolas con dos hielos y bebida normal.

Entre tanto, la música que escuchamos por los parlantes es netamente pop, lo que a Rodrigo le encanta: Scissor Sisters, Pussycat Dolls, Jutsin Timberlake y otras tantas mega estrellas que convierten la noche más divertida y amable. Un elemento importante es el volumen de la música, adecuado para conversar sin llegar a los gritos.

Al momento de comer, pedimos una tabla mixta que constaba de unos exquisitos trozos de pollo apanado que al llevárselos a la boca dejaron en evidencia una suavidad deliciosa. La otra mitad del picadillo, estaba compuesto por pequeñas tiras de carne con una agradable salsa de vino tinto. La cantidad es precisa para dos personas.

La velada prosiguió sin sobresaltos bajo las luces azules del bar, e incluso fuimos fotografiados para páginas sociales. Todo bien chic.

La oscuridad de la noche se hizo más densa y nosotros seguimos bebiendo y hablando de la vida. Al cabo de un rato, decidimos que hora de partir y optamos por movernos hacia el departamento de una amiga ubicado sólo a unos metros de allí.

A Médula volveremos a ir, por lo menos eso me dijo Rodrigo, que se fue tranquilo después de haber hecho la elección aquella noche.

Publicado el 21.05.2009
  • RODROX

    q bien Médula, es super entrete.