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Chico Trujillo: ¡Mira lo que me econtré!

“Me sorprendí al ver sobre el escenario a un artista medianamente joven que interpretaba -¡Ay el niño salió a la calle y se encontró una medallita!- acompañado por trompetas y platillos. Esa música, cumbia chilombiana según me soplaron, alegra a cualquiera.”

Para empezar, ese día sábado no fue del todo normal, tuve que estar en una reunión de trabajo hasta las seis de la tarde. Imagínense cómo me sentía a esa hora, si el día anterior había tenido que estar obligadamente en el cumpleaños de una amiga hasta las dos de la mañana.

A las 18:05 horas, sentía tambores y martillos en mi cabeza, lo único que quería, era llegar pronto a mi cama para dormir hasta el otro día. Pero todo dio un vuelco bastante inesperado, cuando descansaba plácidamente, mis sueños empezaron a provocarme unas ganas irresistibles de salir a la calle.

En aquel momento, recordé que la sobrina de mi amiga Cristina, me había comentado algo sobre las actividades de la semana mechona de la Universidad de Antofagasta, ella estudia ahí y aunque no es una alumna brillante, al parecer no se pierde ni un carrete.

Cuando el reloj marcó las 12, mi ansiedad por salir era tal, que tomé las llaves del auto y decidí comenzar mi aventura. No sabía nada de nada, pero supuse que si me acercaba a la universidad, algo encontraría por ahí. Y fue cierto, cuando llegué al sector que rodea la Maquina, junto a los otros locales nocturnos que están en la costa, un gran ambiente universitario lo alegraba todo.

Autos estacionados, con jóvenes compartiendo tragos, conversando, o intercambiando alguna otra cosa. Yo, guíado por el ruido, me dirigí a las boleterías dispuestas en el conocido Rock & Soccer, no pregunté nada, no quería arrepentirme de haber llegado hasta ahí. Por lo tanto, compré mi entrada e ingresé al lugar que estaba repleto de teenagers y guardias que te toqueteaban entero para ingresar.

Entonces, me sorprendí al ver sobre el escenario a un artista medianamente joven que interpretaba -¡Ay el niño salió a la calle y se encontró una medallita!- acompañado por trompetas y platillos. Esa música, cumbia chilombiana según me soplaron, alegra a cualquiera, los pies se me iban solos, lo único que quería era bailar, pero me sentía ridículo al estar solo.

Sin embargo, me acerqué frente al escenario y ahí entremedio de la gente, estuve seguro para moverme al ritmo de esta pegajosa melodía. -Total nadie me conoce aquí- pensé. Luego del show, compré una cerveza y me apoyé en uno de los muros del costado para observar a la gente.

De pronto, sentí que algo me tocó el hombro, era Carla, amiga mía desde hace muchos años. Desde la universidad, siempre nos encontrábamos así, por casualidad y en cualquier lugar inesperado. Pero esto era aún más sorpresivo, ya que los dos bordeamos los 30 y ese lugar era territorio estudiantil.

Me alegré tanto, que algo sentí en la guata. No hice más que abrazarla y arrastrarla hasta la pista. Ella me sonrió y no supe nada de mí hasta el otro día cuando desperté feliz a las dos de la tarde. Dispuesto a seguir con mi rutina de adulto.

Publicado el 02.04.2009