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Cítricos: frutas milenarias

Las coloridas naranjas, mandarinas y limones, son un buen presagio a la primavera que se avecina, sus aromáticas esencias inundan los pasillos de la Vega Central de Antofagasta, para brindar los atrayentes sabores cítricos y dulces que caracterizan a sus jugosas pulpas. Según cuenta la historia, estos frutos de tierras húmedas fueron introducidos en América […]

Las coloridas naranjas, mandarinas y limones, son un buen presagio a la primavera que se avecina, sus aromáticas esencias inundan los pasillos de la Vega Central de Antofagasta, para brindar los atrayentes sabores cítricos y dulces que caracterizan a sus jugosas pulpas.

Según cuenta la historia, estos frutos de tierras húmedas fueron introducidos en América por Cristóbal Colón en 1493, sus semillas provenientes de un híbrido asiático conseguido en la India, comenzaron a diseminarse a lo largo y ancho del continente desde Haití.

Las propiedades reconocidas mundialmente son sus altos contenidos de vitamina C, nutriente fundamental para una serie de reacciones metabólicas para los humanos en la prevención del escorbuto y también en la dieta de los animales ya que protege de la oxidación.

El limonero, árbol del limón, pertenece a la familia de las Rutáceas. Aunque fue desconocido por griegos y romanos, hoy su utilización es común por sus propiedades fragantes que aderezan preparaciones dulces y saladas. Por lo que es posible encontrar en el mercado esencias líquidas y piel raspada seca.

Las mandarinas, adictivas para algunos, por su perfecta combinación gustativa de lo dulce y lo ácido, deben su nombre al color de los trajes de los antiguos mandarines chinos, gobernantes que existieron en el año 200 d.C., aproximadamente.

Sólo hasta el siglo XIX se introdujo su cultivo a Europa, lo que dio pie a su comercialización por el orbe. En Chile pueden encontrarse cultivos orgánicos de la fruta en sectores del Valle del Elqui y en los últimos años se ha masificado su producción llegando a exportarse a Inglaterra, Japón y Canadá.

Por lo tanto, al consumir un cítrico se esta degustando un sabor milenario que recorre el mundo desde Asia hasta el paladar de algún latinoamericano o europeo, en jugos, postres, meriendas o cierta creación de la culinaria moderna.

Publicado el 21.08.2008