web analytics

RestoNews

Análisis Gastronómico

Corvina de la Casa

Decidimos buscar la tranquilidad de Blú Restaurante & Gallery, un lugar ameno, con vista privilegiada y gustosa gastronomía.

Periodista Gastronómica

Luego de una ardua tarde de trabajo junto a Mario, mi socio, decidimos buscar la tranquilidad de Blú Restaurante & Gallery, un lugar ameno, con una vista privilegiada y una gustosa gastronomía. El motivo de la salida a comer fue la celebración de un año de publicación de Restonomía.cl, cosa que debía ser conmemorada como Dios manda.

Cuando llegamos insistí que nos sentáramos en la barra, ya que la vista al Balneario Municipal es  hermosa y en las noches su iluminación lo convierte un grato paisaje. La barra es grande y bonita, con un mesón de madera y sillas cómodas. Al parecer un lugar pensado para la buena mesa.

Para comenzar decidimos pedir un mango sour, bebida que estaba dulce, relajante y un poquito fuerte, pero totalmente chispeante. Al momento de ordenar me decidí por una “Corvina Blú” ($8.500), que según explicaron es una mejora de la Corvina a lo Macho, uno de los platos más vendidos en el restaurant.

Como la espera fue más larga que de costumbre, me animé a preguntar qué pasaba con nuestra orden. La respuesta del garzón fue muy amable -Freddy está enfermo, pero la persona que está cocinando tiene un potencial increíble- entendí y ansiosa esperé un par de minutos más.

Al cabo de un rato vi a un joven cocinero dirigirse hacia mí con un plato en sus manos. Como ya lo he dicho antes, me encanta ver a un chef trasladando su obra, así que la demora fue perdonada de inmediato.

El joven se acercó a la barra a darme la excusa correspondiente, pero enseguida le dije que no se preocupara, que todo estaba bien. Mientras  me narraba la historia de la preparación, no pude evitar preguntar su edad -sólo tiene 18 años- así que  lo animé  felicitándolo y pidiéndole que me dejara degustar para ver mi parecer.

El plato estaba exquisito, picante, muy sabroso; consistía en un filete de corvina al ajillo, cocinado al horno, acompañado de puré de calabaza con toques de ciboulette y pequeños trocitos de almendras. Todo esto bañado en salsa de camarones, que era una combinación de camarones ecuatorianos y gambas al pil pil.

En el pescado resaltaba el equilibrio entre sabor y textura. Los sabores de la guarnición y la salsa eran los ingredientes que le entregaban estilo propio, otorgándole un gusto fuerte, bien a lo macho, pero  no se sentía como una mezcla desordenada ya que los sabores estaban en perfecta armonía.

A Mario le encantó mi pedido, me dijo que la próxima vez que fuese a Blú lo pediría, además me alentó a que lo sugiriera sin titubear y lo catalogó como un plato completamente recomendable.

Por mi parte me sentí fascinada, lo encontré un plato fácil de comer y aunque las notas picantes son bastante explicitas, considero que estaba todo en su punto, tanto así que la considero una preparación suave y delicada.

Cuando terminé de comer, pedí que llamaran a Piero, el chef, para felicitarlo nuevamente y hacerle saber que  tiene la magia del arte culinario en sus manos.

Mis felicitaciones a Blú, que es un restaurante que ha vuelto a brillar con la ayuda de la joven emprendedora Nevenka Zlatar, a quién dedico cariñosamente este análisis.

Publicado el 28.05.2009