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Análisis de Bebestibles

El lugar donde el verano se vive a concho

Al entrar en él, siento que estoy inmerso en un recinto perdido del Caribe, donde el colorido de las aves y la exuberancia del follaje invitan a la diversión.

Anochece el día sábado y mi casa  ha recibido los rayos solares durante toda la tarde, por lo que parece más un horno que un hogar.

Decido salir a caminar por la costanera sur, entonces recorro lentamente la avenida, desde el Parque Croata hasta llegar al Balneario Municipal buscando un lugar que me refresque sin llegar a perder la alegría estival que inunda a cada uno de los individuos con los que me encuentro.

Al llegar a esta concurrida playa, noto que a pesar de la hora, los bañistas aún siguen felices nadando entre las cálidas aguas.

Me siento un rato a contemplar el alegre paisaje cuando escucho que en un lugar que está detrás de mí, suenan contagiosas melodías de Madonna. Sin ser fanático de la diva, me doy vuelta y me encuentro con un local que me invita gentilmente a pasar.

El lugar es el altamente visitado Beira Mar, que cuenta con una suave luz cálida y es bastante amplio. Al entrar en él, siento que estoy inmerso en un recinto perdido del Caribe, donde el colorido de las aves y el exuberancia del follaje invitan a la diversión.

Le pido la carta a un joven mulato y comienzo a revisar su contenido. Me decido por una de las muchas variedades de cerveza, la que enseguida me llega bien helada. Justo para apagar la sed.

Las horas pasan y en las mesas que están a mi alrededor, existe un público muy variopinto. Dos señoras de edad conversan animadamente bebiendo unos tragos que lucen espléndidos debido a los fuertes colores. Más allá, una pareja come una porción bastante generosa de empanadas de queso, mientras que a mi lado tres mujeres jóvenes beben cócteles frutales.

Miro el reloj y ya son las 12 de la noche, el pub está casi repleto y el aire marino se cuela en el lugar sin pedir permiso. Las melodías cada vez se ponen más latinas, ahora en la pantalla se puede ver un concierto del afamado Marc Anthony. El ruido es más fuerte y las voces suben el volumen, las cabezas de las personas se mueven en torno a la música y yo no puedo evitar seguir el ritmo con mi pie izquierdo.

Los mojitos y las batidas salen por doquier pero me atrevo a pedir algo nuevo, el innovador caipivino, que es un trago que sigue la misma preparación de la tradicional caipiriña brasilera, pero en vez de usar cachaza cuenta como base vino tinto chileno. La combinación entre los limones, el azucar flor y los hielos me deja boquiabierto, pues tiene un gusto increíble. Creo que lo comenzaré a beber una y otra vez.

El músico de esta noche es un folclorista de vasta trayectoria, Patricio Maturana se llama. Al verlo sobre el escenario me doy cuenta que tiene un gran dominio del público y si bien, es la primera vez que se presenta en el lugar, seguro que lo hará otra vez.

El garzón me cuenta que en un rato más tocará un grupo colombiano que prenderá aún más esta animada noche.

Mientras tanto, en el intermedio, el dueño de Beira Mar ameniza con un concurso, en que todo aquel que tenga un poco de cultura musical podrá participar. Se trata de adivinar quien canta la canción que suena por los altavoces.

Primero  empezó con grupos setenteros: Earth, Wind & Fire y Michael Jackson. Luego vino el turno del rock latino, donde bandas como Sumo, Nadie y Virus hicieron que las mesas más participativas ganaran sabrosos premios como una ronda de cervezas para todos sus integrantes. Incluso una botella de ron Pampero se ganaron otros más afortunados.

La noche aún es joven y el carrete se vuelve más ameno. Comienza el karaoke y algunas  desafinaciones mezcladas con excelentes voces, en su mayoría femeninas, repletan el jovial ambiente.

Para mi la oferta ya ha concluído por esta vez, sin embargo antes de irme del lugar, opto por probar un mojito sin alcohol, que con su soda me refresca enormente y permite que llegue íntegro a mi morada.

 

Publicado el 04.02.2009
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