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Historia Culinaria Antofagastina: ¿Evolucionaremos?

El sector de la avenida Brasil es una zona en donde confluyen muchos elementos de la entretención nocturna antofagastina, existen cerca de treinta locales entre restaurantes y pubs.

La historia culinaria de Antofagasta es incipiente, si bien existen los recursos necesarios para explotar la oferta gastronómica, sólo hasta la década de los noventa hubo un mayor florecimiento en la actividad. Los hechos indican que al considerarse durante siglos una ciudad de paso, pocos eran los comerciantes que se asentaban en estas latitudes para brindar más atractivos turísticos.

Lo anterior, también tiene que ver con la capacidad del antofagastino para adaptarse a una gastronomía en constante evolución. Si bien, tenemos la influencia de diversas colonias, eso no ha cambiado necesariamente la oferta culinaria.

Los chilenos desde siempre han preferido la abundancia de las parrilladas y la comida popular chilena, dejando de lado nuevas propuestas. Jorge Rodríguez, metre del Restaurante 1810, recuerda que “hace años atrás se instaló un restaurante llamado La Cav con una cocina que ofrecía lo mismo que esta de moda ahora, lamentablemente era una propuesta adelantada a los tiempos y fracasó”, asegura Jorge.

Esto refleja que la evolución gastronómica de Antofagasta es bastante particular y va a un ritmo más lento, en comparación con Santiago, que es un referente mucho más adelantado en cuanto a diversidad culinaria. No obstante, hay sabores introducidos recientemente que tienen bastante aceptación del público, es el caso del sushi, lugares como el Restaurante Kimi Sushi, reciben diariamente a cientos de nuevos fanáticos de los sabores asiáticos.

Viejos Tiempos

Si bien, son pocos los que recuerdan el nacer de la gastronomía en Antofagasta, Lidia Varas, dueña del Restaurante Wallys; Karls Heckle, dueño del Restaurante Don Karls; y Jorge Rodríguez, coinciden en que uno de los restaurantes más antiguos de Antofagasta es El Arrayán.

Según estos tres personajes de la culinaria antofagastina, el Arrayán es uno de los lugares que ha resistido el paso del tiempo, ya que aunque tuvo un comienzo humilde ha sabido crecer con el tiempo. Lidia Varas, comenta que “yo iba a comer con mis papás ahí, porque los demás lugares ofrecían la típica comida chilena. Aunque recuerdo uno bastante bueno de ese tipo que estaba por La Chimba y se llamaba Paraíso”, explica Lidia.

El Arca de Noé, El Caserón y El Club Árabe, son algunos de los nombres de restaurantes que existieron entre los años 50 y 70. Jorge Rodríguez recuerda estos lugares, gracias a su labor en lugares como el Green Country y los Aromos, junto a la pasión que le produce su trabajo en la gastronomía, tuvo el agrado de conocer el trabajo de estos desaparecidos restaurantes.

Las Costumbres Hacen Época

Sin duda que la modernidad junto con la tecnología y la introducción de la comida rápida, han traído a la cultura un deterioro en las costumbres. Antiguamente, las mujeres eran constantemente motivadas a aprender sobre cocina, hoy sólo si existe un gusto personal por la culinaria, esta habilidad se desarrolla.

No obstante, los chilenos al ser poseedores de una acabada variedad vitivinícola deberíamos saber como maridar un plato por cultura general. Jorge Rodríguez señala que, “como los comensales no se interesan por aprender, al final termina siendo un deber del garzón educar al cliente”, propone Jorge.

Por lo tanto, si los mismos clientes no se interesan por demandar mejores opciones de servicio gastronómico es difícil que el mercado culinario evolucione.

Un Barrio Culinario

El sector de la avenida Brasil es una zona en donde confluyen muchos elementos de la entretención nocturna antofagastina, existen cerca de treinta locales entre restaurantes y pubs. Por lo tanto, perfectamente se configura como un barrio gastronómico.

Para mantener esta instancia es necesario introducir más diversidad a la oferta, ya que hasta ahora existe un público objetivo que visita diariamente los restaurantes. Según Wikipedia.org, “el turismo en la región está muy poco desarrollado y esto se hace notar cuando un crucero de pasajeros recala en el puerto. No existen suficientes atractivos para poder captar los recursos que pasan por la ciudad”.

De esta forma, las personas que comen en los restaurantes son los propios antofagastinos, ellos son los que necesitan del estímulo diario para fomentar el consumo y seguir adelante con la evolución de la historia culinaria en Antofagasta.