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Los Tres y Hasta El Amanecer

Nos apresuramos a entrar, ya que desde afuera se oía que comenzaba el show, al parecer lo tiraron demasiado temprano, ya que la explanada destinada al evento aún no se repletaba, me temo que muchos pensaron que los tres cerrarían y quizás se perdieron de la banda.

Los Tres en Antofagasta, me imagino esas románticas canciones que me hicieron vibrar en los noventas y no puedo dejar de pensar, lo feliz que sería de tener una polola como en ese entonces. Como ya sabrán, es el típico panorama para llevar a la pareja a disfrutar de buenas canciones, porque – A quién no le gustan Los Tres- yo por lo menos, no conozco a nadie.

Sin embargo, esta vez, no hay pareja para llevar, ni siquiera algun amor de turno, es por eso, que recurro a mi amigo Camilo, quien disfruta canturreando este tipo de ritmos. Obviamente, quisimos hacer una buena previa, para lo cual nos dirijimos al Médula, barsito ubicado en avenida Brasil que con su dos por uno, la está llevando por estos días.

Ahí nos encontramos con Camilo y aprovechamos de mirar un poco el panorama femenino, nada de mal, guapas chicas que salen solas, esperando a que alguien les invite un buen trago. Sin embargo, esta noche es de machos, por lo tanto, luego de tomar rápidamente mi par de vodka tonic, nos dirigimos a la Universidad Católica del Norte.

La entrada costó $7.000 para cada uno, pero por lo visto lo valía, ya que había buena seguridad, tragos baratísimos y la posibildad única de ver a los tres por tan módico precio.  Nos apresuramos a entrar, ya que desde afuera se oía que comenzaba el show, al parecer lo tiraron demasiado temprano, ya que la explanada destinada al evento aún no se repletaba, me temo que muchos pensaron que los tres cerrarían y quizás se perdieron de la banda.

Con Camilo, que somos aficionados a todo tipo de recitales, decidimos meternos entre el público para mirar de cerca el espectáculo. Aunque, para quien quisiera estar más cómodo, las escaleras de los costados eran bastante más tranquilas, sobre todo, para aquellos que la altura no los acompaña.

Me fasciné admirando la destreza de Ángel Parra, creo yo, porque siempre he admirado su trabajo, sobre todo en Ángel Parra Trío. Escuchar a esa banda, es un buen comienzo para introducirse en el mundo del jazz.

Sin embargo, en ese minuto me bajó una tristeza enorme, recordando lo que fue mi época veinteañera. A veces me gustaría volver a esa época y hacer todo lo que no hice por miedo al qué dirán. En fin, al son de “Déjate Caer” fui hundiéndome entre la gente y mis pensamientos, hasta que de improviso el show terminó y todo quedó en silencio.

Entonces, fui en busca de una piscola para lo que creía, sería el cierre de esta velada. Pero salió a escena una banda desconocida para mí. Camilo, que tiene gustos más teenagers, me dijo que de seguro me iban a gustar los skandyband. Y tenía razón, un ska bien bailable, que hasta hizo que me econtrara con un buen amigo entre la muchedumbre. Francisco, quien nos invitó a un after hour bastante celebrado, que me hizo regresar a la casa somnoliento y con ganas de dormir una semana entera.

Publicado el 09.04.2009