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Los protagonistas de la Gastronomía

Melita Siebald, dueña de “After Five”

After Five deleita al público antofagastino desde 1989, sus cómodos salones son un escape del mundo urbano con el agradable emboque hogareño concedido por el verdadero sabor casero.

Melita Siebald creció en Puerto Varas, entre los tradicionales sabores de la cocina alemana, gracias a esta herencia familiar cultivó desde pequeña el gusto por el dulce mundo de la repostería.

Durante los tres años que lleva a cargo del Salón de Té After Five, ha logrado estabilizar su pasión, impregnando a los comensales con la calidez sureña que la caracteriza.

¿Qué significa para usted la pastelería?
“Es mi sueño, desde que llegué a Antofagasta tuve la ilusión de trabajar en pastelería. Claramente tengo la necesidad de trabajar, para poder educar a mis hijas, pero esto es más que una simple ocupación lucrativa, con exquisito trozo de torta junto a un buen té de hoja regalamos momentos de amor y alegría”.

¿Cuál es la esencia del After Five?
“El sabor natural, todos nuestros productos son de calidad original, desde el té, los granos de café, hasta los mínimos ingredientes de las preparaciones como la crema chantillí por ejemplo. Es de vaca como suelo decir, no viene de artificios deshidratados ni nada parecido.
Asimismo el ambiente es familiar, nuestros clientes traspasan por generaciones la costumbre de visitarnos. Hecho que va de la mano con la atención personalizada, otorgada por nuestras fieles empleadas que llevan años en el negocio.”

¿Qué influye en el recetario de las apetitosas preparaciones?
“Son creaciones artesanales. Hechas en base a recetas familiares propias que combino con nuevas fórmulas de revistas culinarias alemanas. Además adapto algunos montajes, si no encuentro algún ingrediente me las ingenio para complementar esa mezcla con otros sabores.
En la cocina nos acompañan también dos mujeres que nos ayudan con la fabricación de los platos salados, procesados de igual manera con todo el cariño de las composiciones caseras.”

A la hora del té

Reconfortarse con el hábito inglés de un refrigerio a media tarde, o bien relajarse disfrutando de los manjares de la última comida del día, es un hecho comprobado en este céntrico establecimiento ubicado en calle Maipú.

¿Qué distingue a este local por sobre otros de la ciudad?
“Que es elegante, rico y bueno. Nosotros siempre vamos a recibir a los clientes con una sonrisa, nuestra labor es hecha con cariño y se forma un vínculo especial de confianza.
Por otra parte, tenemos cerca de ocho tipos de tortas, una amplia carta de sándwiches y bocadillos, junto a todo lo necesario para comer luego de las cinco de la tarde. Al mismo tiempo, aquí se pueden celebrar reuniones como cumpleaños, baby shower o festejos de empresas.

¿Experimenta con inventos suyos?
“Sí, pero primero en casa con mi marido que es el principal catador de todo lo que cocino. Soy como una artista loca, hay veces en las que estoy durmiendo y se me ocurren amasijos en sueños, entonces me levanto de inmediato para hacerlo. Una vez hice una tarta de menta, que parecía pasta de dientes, eso fue un rotundo fracaso. (risas)”

¿Qué opina de la cultura gastronómica antofagastina?
“Creo que las personas tienen que aprender a atreverse más. Cuando no conocen algo son muy tímidos, les falta un poco más de entusiasmo para probar, ya que nuestro salón está preparado para cobijarlos en éstos fríos días de otoño”.

Publicado el 04.06.2008