Las rápidas manos del barman agitaron la cotelara que contenía vodka, jugo de frutilla, un poco de jugo de limón y azúcar flor. La mezcla fue vertida en un vaso con hielo frapé hasta la mitdad de su altura.
La noche era extraña. La particular llovizna que había caído hace un rato, sorprendió a todos. Hubo cortes de luz e incluso relámpagos que iluminaron gran parte del cielo.
Por mí parte, decidí salir preparado en caso de que el clima se volviera más extraño aún. Tomé el colectivo que me llevó por la avenida Brasil y a llegar a la intersección de las calles Copiapó y José Santos Ossa me di cuenta que la oscuridad reinaba. Me bajé del auto y comencé a caminar con destino al restobar El Rito.
Desde la cuadra anterior observé que el cartel del bar estaba encendido, me relajé y comencé a escuchar desde lejos las notas de teclado más recordadas del hardrock de los 80′s, junto a chillidos de fanáticos. En ese momento recordé que la banda sueca Europe, se estaba presentando en un gimnasio local. Sonreí a causa de la música y entré en El Rito.
El atractivo local se encontraba con mayor cantidad de clientes, desde que ingresé por primera vez, a las pocas semanas de su inauguración.
Me fui directo a la barra y pedí un Cosmopolitan, preparación que tiende a ser vista como un trago femenino, pero que en realidad no ebedece a géneros.
Las rápidas manos del barman agitaron la cotelara que contenía vodka, jugo de frutilla, un poco de jugo de limón y azúcar flor. La mezcla fue vertida en un vaso con hielo frapé hasta la mitdad de su altura. La simple decoración con una hoja de menta y una frutilla, fue sobria y acertada.
Todo marchaba bien en aquel momento, pero faltaba lo más importante, conocer el sabor con el que iba a disfrutar. Cuando me llevé el vaso a la boca quedé completamente satisfecho. -¡Qué preparación más agradable y llena de gracia!, ¡Qué mezcla de sabores tan perfecta y bien cuidada!-.
Justamente en ese momentó llega mi acompañante Denisse y se sentó a mi lado en la barra. Allí le comenté las virtudes de lo que probaba y ordené uno para ella.
Nos dedicamos a conversar un rato y el lugar comenzó a llenarse con personas que venían recien saliendo de la tocata de Europe, extasiadas por los sonidos del rock.
La música del Rito -que es bastante noventera- sonaba al volumen correcto para una charla amena. Más adentro en el ambiente del restaurant un enorme grupo de hombres y mujeres disfrutaban conversando animádamente.
Denisse y yo continúamos con nuestro parloteo, mientras el cosmopolitan comenzaba a surgir efecto, hasta que se presentó la hora de lárgarnos a mover nuestros pies al son de algún otro ritmo. Como es de esperar, nos fuimos felices, mareados y satisfechos por la execelente atención.
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