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Los protagonistas de la Gastronomía

Romina Salazar, sommelier

Romina Salazar no sólo transmite su apasionada visión sobre el vino. Además, hace las referencias necesarias para contribuir a un mundo, que con el pasar del tiempo, se ha ido abriendo paso de manera vertiginosa en nuestro país.

El norte de Chile, que únicamente cuenta con dos especialistas sommeliers, pide a gritos la profesionalización y desarrollo de esta actividad, con el objetivo de incluirla dentro de nuestra rudimentaria cultura gastronómica.

Para Romina -sommelier antofagastina- los aromas son sensaciones que provocan un especial efecto en su memoria, gracias a ellos, logra revivir los momentos más felices de su recorrido por el mundo del vino en Chile.

Esta mágica bebida se convierte en una personalidad con amplias características, que más allá de albergar colores y sabores, revela secretos de existencia. Misterios que esta profesional puede descifrar al destapar una botella.

¿Cómo aprendiste a catar?
“Estudié en la Escuela de Sommelier de Chile, ubicada en Santiago. Parece increíble, pero al momento de entrar a estudiar (a diferencia de mis compañeros que ya estaban familiarizados con el rubro), yo no tenía mayores conocimientos sobre el tema. Esta situación lejos de desanimarme, se transformó en el aliciente para comenzar a investigar y aprender.

¿Cuál ha sido tu experiencia más apasionante con el vino?
“En la época en que estudiaba me asocié con una amiga, juntas creamos una banquetera y, gracias a ese negocio, viví una de las mejores experiencias de degustación en mi carrera. Participamos en un evento que reunía las reservas “Alma Viva” de los años 1998, 2000, 2001 y 2002. En la gran mesa montada por nuestras propias manos, había como platos principales: cordero magallánico y una preparación de ganso al estilo hindú.
Las combinaciones de sabores y texturas formaron atractivos maridajes. La cosecha 1998 era especial para postres, al degustarlo provocaba la sensación de tener una barra de bitter en la boca. En cambio, la del 2000 tenía las condiciones necesarias para acompañar carnes rojas bien especiadas, debido a su intensidad.
Cada una de las reservas, guardaba una individual cualidad que la diferenciaba significativamente de las otras.”

¿Qué sentimientos te transmite un buen vino?
“Mi relación con el vino es romanticismo puro. Estoy soltera, pero mi gran amor es el vino. Unirse a sus sabores es enamorarse, porque uno –a través de este proceso- logra la asociación perfecta que espera obtener generalmente de una pareja”

¿Qué es lo más significativo para ti cuando analizas un vino?
“Sin duda los aromas. Desde que era niña desarrollé mi memoria a partir del olfato. Recuerdo, hace muchos años atrás, que me sentaba a almorzar con mi abuela y la curiosidad me llevaba a investigar los olores de la comida. Ahora de adulta, cuando estaba estudiando, me iba a practicar el reconocimiento de los aromas a la Vega Central. Agudizar la nariz es cuestión de entrenamiento.
Lo importante, es que el olor coincida armónicamente con el sabor en boca en la cata de un vino.”

Fortaleciendo los Sentidos

Para algunos especialistas del vino, dentro de cada botella es posible descubrir una personalidad distinta. Cada cepa tiene sus propias ambiciones, y en paladar del comensal, estas intenciones pueden cobrar vida o definitivamente morir en el intento.

¿Con qué vino te identificas plenamente?
“Una vez, el director de la Escuela de Sommeliers, Ricardo Grellet, dijo que mi personalidad se asociaba claramente con un Syrah Colchagüino. Y creo que es así, porque es de esas bebidas que no pasan desapercibidas, con una gran intensidad que acentúa la voluptuosidad de los taninos en notas enérgicas.”

¿Qué vinos recomendarías para preparaciones culinarias?
“En las cocinas generalmente usan vinos de baja calidad. Acción que afecta notoriamente el resultado final de una preparación. He comprobado que los vinos más elegantes funcionan mucho mejor en comidas hechas en base a su reducción.”

¿Qué aporte haces como sommelier a la sociedad antofagastina?
“En mi trabajo en Spell Café le enseño a los clientes a hacer maridajes. Soy una anfitriona que les recomienda qué comer y cómo acompañarlo. Además, la educación empieza por la familia, generalmente en esas comidas íntimas les doy consejos a mis tíos, con ellos discutimos sobre vinos.
Antes tenía la ilusión de trabajar en una viña. Pero como decidí volver a Antofagasta, espero comenzar aquí a construir de a poco eventos que aporten a la cultura vitivinícola y gastronómica de la ciudad.”

Publicado el 17.04.2008
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