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Toda la Movida Cultural de Iquique

Una tarde de Paintball

Me tocó cumplir una fantasía de pequeño, disparar bolitas de pintura a mis amigos simulando un ataque, como diría La Violeta, Volver a los 17.

El año de corresponsal lo acreditan como un conocedor de la alta gastronomía de la región de Tarapacá, potenciando la manera de disfrutar de la buena mesa de la región, caracterizado por la pasión por su ciudad natal, Iquique.

Desde pequeños todos y cada uno de nosotros, los del género masculino me refiero, hemos jugado con algún arma, pistola o metralleta, ya sea una que haga sonidos, que dispare balines de esponja o simplemente agua. Pero siempre ha estado en nosotros esa fantasía de disparar algo, es innegable.

Existe un dicho que proclama, “la diferencia entre los niños y los hombres es la diferencia del precio de sus juguetes”; en la Ruta de esta semana esa frase no podía estar mejor aplicada, fui a jugar Paintball.

Desde el verano que un juego está dando que hablar en nuestra ciudad, se trata del Paintball, modalidad que consiste en dispararse bolitas con pintura, emulando una especie de combate entre dos bandos, el máximo de jugadores – para un juego cómodo – es de cuatro por bando.

El recinto está ubicado al final de Playa Brava, un poco alejado de todo, pero vale la pena llegar hasta allá. La empresa responsable de este juego lleva por nombre Iquique Factor Paintball, por sólo $7.000 por persona, uno puede ser un guerrero de la pintura; cuando uno va por primera vez, le dan una charla instructiva y le facilitan absolutamente todos los implementos de seguridad necesarios, se trata sólo de un juego por lo tanto la integridad física debe ser bien cuidada.

Franco, el instructor, nos dejó bien en claro todas las reglas y explicaciones del juego, una de las cosas que más me intrigaban era que disparando de cerca puede doler mucho, ya que el marcador (arma) es con aire comprimido y tiene un alcance de 35 metros más o menos, la cancha mide 42 metros aproximadamente.

La modalidad que jugamos se llama Speed, que es una de cancha corta y resultado rápido, está el sistema urbano y de guerra, en donde la competencia es mucho más elaborada, con bandos contrarios de gran cantidad de hombres.

Cada uno contó con 100 tiros, si la bola te pegaba y no reventaba, podías seguir jugando, si te manchabas con pintura estabas fuera. Franco fue el árbitro, sí, se juega con árbitro. El juego comenzó, duró menos de 2 minutos cuando eliminaron al primer competidor, su servidor; una bolita directa en la frente me dejo fuera del juego, pese a que usamos máscaras con antiparras, la bola dio en un pequeño espacio que dejaba mi frente al aire. El juego fue espectacular, adrenalina pura y mucha testosterona, estábamos en una guerra real, disparándonos pintura, como diría Martika, como verdaderos toy soldiers. Aún me duele la frente.

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