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Y era cierto, Deep Purple estuvo en Antofagasta

Parece un sueño, hasta que tuve en mis manos la entrada impresa, supe que era realidad. Aunque aún me parecía sospechoso que un simple papel con tinta sirviera para tanto. No soy particularmente fanático de Deep Purple, pero desde que recibí la invitación por Facebook, pensé que era algo sencillamente imperdible.

Son las cinco de la tarde y vistiendo mis jeans favoritos junto a esa polera rockera que ha sido testigo de innumerables conciertos metaleros, me apronto a viajar al extremo norte de Antofagasta para disfrutar de uno de los sucesos más trascendentales de la escena local -¡Deep Purple gratis en vivo!-.

Parece un sueño, hasta que tuve en mis manos la entrada impresa, supe que era realidad. Aunque aún me parecía sospechoso que un simple papel con tinta sirviera para tanto. No soy particularmente fanático de Deep Purple, pero desde que recibí la invitación por Facebook, pensé que era algo sencillamente imperdible.

Al llegar al Club Hípico, las puertas ya estaban abiertas y desde afuera se escuchaba a una gran cantidad de público junto a la típica música embasada de espera, de inmediato busqué frenéticamente a mis amigos por la entrada, pero no estaban. Así que me refugié en la sombra de los edificios para esperarlos, una vez más la ansiedad me había ganado y fui el primero en llegar de mi grupo.

Cuando el Jota y el Pablo se dignaron a aparecer, la primera banda ya había comenzado a tocar, se escuchaban unas voces guturales mezcladas con la oscura sinfonía de un bajo. De pronto ingresamos y nos dispusimos para disfrutar del panorama que a ratos ofrecía bebidas colas con algo de malicia.

Luego de un casi interminable paseo de bandas locales, junto a la energía aportada por notables músicos antofagastinos como son Los Gustavos. Se presentaron Los Perros de la Calle, Crisálida y cuando llegó el turno de la banda Dogs que tributa a PinkFloyd ya mis piernas se sostenían por inercia, luego de cinco horas de pie, con un show que mantenía al público ansioso, pero siempre a raya.

Entonces comenzamos a acercarnos al escenario, aunque el terreno en desnivel nos hacía movernos de un lado a otro, en busca de la altura precisa para conseguir la vista perfecta. Cuando Steve Morse, Roger Glover, Don Airey, Ian Paice e Ian Gillian, aparecieron en escena el público compuesto varias generaciones de fanáticos vibró. Pero el climax estuvo cuando interpretaron Smoke On The Water y el público coreaba – ¡The fire in the sky!-.

Los ingleses se dieron el lujo de homenajear a Violeta Parra, con Gracias a la Vida en los de teclados de Don Airey. Además se pasearon por diversos covers del rock progresivo, como una muestra de empatía con el público antofagastino que pocas veces tiene la gracia de ser visitado por bandas de este nivel.

Finalmente la salida fue tranquila, satisfecha, reposada, una gran dosis para ese sábado, que todos esperan repetir alguna vez.

Publicado el 04.03.2009